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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

CAFÉ CON LECHE

Era domingo, las hojas marchitas dormían en la salida del patio interior, escapadas de la brisa que las hubiera podido volver remolino.El silencio en las calles era agotador, un pesado gris te hundía en un sopor, que hacía difícil el moverse, y hasta pensar. Todo parecía haberse sumado a la siesta del día, el perro en el portal, las tortugas inmóviles, los ruidos que habían dejado paso a un silencio pegajoso e inútil, incapaz de ser poblado con música, palabras, menos gritos.
Un niño fantasma hacía marcas en el suelo con la punta de su zapato, en la acera de enfrente. Hasta las nubes parecían pasar con más lentitud de la habitual.
Cecilia, abandonó su lugar en la ventana, y fue en búsqueda de algo que le apartara la mente de tan pobres pensamientos. Sobre la repisa halló las historias de Julio Verne, y pensó que podría ser una forma de escaparse de la mortecina tarde. Comenzó la lectura, pero pronto su mente se perdió tras el lejano chirrido de una hamaca, que le trajo una aún más fuerte opresión en el pecho. Dejó el libro. Se subió a la cama y cerró los ojos, -con un poco de suerte, lograré dormirme, y quizá mientras lo hago mis padres despierten-. Tuvo suerte, logró dormir una hora y media. 
Se despertó sobresaltada, había soñado que era adulta y no paraba de vender leña, y eso le había ocasionado una extraña inquietud...se bajó de la cama y fue a la cocina por agua y algunas galletas.
Las cuatro y media de la tarde la encontró mordisqueando galletas sin ganas, y todavía sola. Sólo tenía ocho años, y aún no sabía que el Domingo y su canción de soledad la perseguiría toda la vida. 
Por ahora, sólo esperaba con ansias el despertar de sus padres para sentir algún ruido por la casa. De repente sintió uno, se detuvo a escuchar, pero no,falsa alarma, el gato que se acomodaba en su camastro para seguir durmiendo.
Pensó en la escuela, en el alboroto...y en eso sintió un sonido, que esta vez sí provenía de la habitación de sus padres. Salió sólo su madre, que se acercó a ella con una sonrisa,-papá?-preguntó la niña. -No tengo idea, contestó la mujer, -cuando desperté, ya no estaba, no lo viste pasar por aquí?,-no, contestó, Cecilia, algo desilusionada, y acomodó su cabeza sobre su mano. -pues bien, ya aparecerá, dijo su madre, y se fue hacia el interior de la casa.
La niña, se levantó y fue hacia el patio trasero, los árboles eran agitados con rabia, por el viento de la incipiente Primavera, se sentó bajo el sauce, y cerró los ojos. Dejó que el aire golpeara su cara,la sorprendió unas súbitas ganas de llorar, pero las contuvo, y ahí fue que lo recordó: el Viernes, al volver de la escuela, su abuelo la había llamado para pasar el fin de semana en el campo,con los caballos que amaba,el levantarse temprano a ordeñar la leche, que luego tomaría tibiecita en la cocina con las irreproducibles tostadas de Doña Clotilde.Su potrillito al que había puesto Café con leche,el que su abuelo le había regalado por haber ayudado a nacer. 
Se había olvidado de la invitación y ahora obviamente era muy tarde como para echar el tiempo atrás, (siempre era muy tarde para eso)...se dejó caer vencida sobre la gramilla, y esta vez, sin mayores contemplaciones, se echó a llorar.


silvia martínez coronel
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