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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

CUATRO VECES SIETE

Empezaba a anochecer, las tenues luces del ocaso traspasaban la textura de las cortinas.
Los perros ladraron fuera,indicio de la llegada de alguien que había que ir a atender, por desgracia...se asomó a la puerta, pero no halló a nadie. Volvió hacia el claroscuro de la casa profiriendo palabrotas-era la séptima vez en el día, que los niños, le hacían ir hacia el umbral por pura diversión-si supieran lo que me cuesta moverme, pensó, luego hizo un gesto con la mano, -como si les importase-, y volvió a acomodarse en su poltrona.
Comenzaba a dormitar, cuando otro ruido la sobresaltó. Esta vez era el teléfono,-quién será que no me deja dormir en paz-masculló entre dientes, y se acercó a la mesita donde la bocina reclamaba atención. Levantó el tubo, pero del otro lado no se escuchó nada...miró con desconcierto el micrófono, se lo volvió a llevar al oído, pero nuevamente era el silencio lo que la esperaba del otro lado...-en fin-, se dijo, y esta vez se dirigió pesadamente hacia su dormitorio, abrió las sábanas, se quitó la ropa y se acostó.
Ya estaba profundamente dormida, cuando recordó en sueños que no había cerrado la entrada.Se despertó agitada, se sentó en el borde de la cama, y volvieron a salir las palabrotas de su boca. Levantó aquella montaña de carne fofa y fue hacia donde estaban colgadas las llaves. Las descolgó, y cerró una a una las siete cerraduras, y por si fuera poco, pasó las dos trabas de la derecha y la otra de la izquierda.
La verdad era innecesaria tanta seguridad en un pueblo donde todavía no había muerto nadie...pero Doña Porfiria se había hecho construir la puerta de Alcatraz, por un temor ancestral, que hace tiempo, que ya no se preguntaba a qué se debería.
Se había casado una vez, y había tenido dos hijos, que hacía mucho no veía, ni hablaba con ellos. 
Vivía, ya hace años enclaustrada en aquella casa, a la que jamás llegaba nadie, pero nunca el timbre se hacía escuchar menos de siete veces al día.
Se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua, apenas fueron dos tragos, y lo dejó sobre la mesa repitiendo su canción de ausencias...la mujer caminó lentamente hacia su cuarto.
Se le había ido el sueño, y empezó a abrir gavetas, buscando viejos recuerdos con los que distraerse, apenas algunas fotos de su infancia, dos de su madre, y ninguna de su padre poblaron sus manos despobladas.Sobre la cómoda, la miraban sin verla una foto a color de sus hijos con ella, años ha, los tres sonrientes en un parque. Miró las que tenía entre sus manos con total ajenidad.Se recostó en la cama, y las dejó caer una a una de su mano. Una antigua lágrima se escapó de uno de sus ojos, y dos nombres le quedaron atragantados en la garganta. Cerró los ojos, y se propuso no pensar en nada,pero se le atravesó el recuerdo del pájaro que le habían regalado al cumplir siete años.Le había cuidado con esmero hasta que se aburrió de él , y un día cualquiera en que buscaba su juguete nuevo, lo había encontrado con su pico abierto,muerto, en el centro de la jaula, que nadie se había molestado en volver a mirar.


silvia martinez coronel
derechos registrados.

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