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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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miércoles, 25 de enero de 2012

EL ACCIDENTE


Era temprano, la tenue luz se filtraba por las cortinas.
El niño miró a su alrededor y no halló a nadie. Estaba acostumbrado, nunca había nadie. Comenzó a inventarse historias de duendes, de princesas, de caballeros salvadores, y ahí iba montado en su caballo a rescatar la prisionera.
De pronto algún ruido de la calle le hacía volver a su realidad.
Ambulaba por la casa en la que se había quedado solo, muertos sus padres, sin los hermanos que nunca tuvo, preso dentro de un útero de paredes, que no tenía la solvencia de la matriz original.
Se fue a su dormitorio, ahí sacó de su baúl de juguetes un camioncito que le había regalado su padrino hacía ya algunas navidades cuando todos estaban vivos, y él creía que su lugar en el mundo era inviolable…
Pero la muerte no sabe de certezas de niños, ni de nada…viene y arrasa, descuelga los sacos, abre las ventanas, lleva los muebles, hace boquetes en las paredes del alma, y desaparece…la muerte puta, que Laureano no le había dado tiempo de entender porque había llegado a robarle todo lo que le era suyo por derecho…ni él ni nadie comprendía eso, ya que la maldita no está para ser entendida…la vida no está para ser entendida…es cuestión de dejarse ir por la energía cinética del disparo que hiciera un loco que no sabía…y esperar a que  se acabase, y cayera en la fosa un cuerpo más.
Ninguna de estas reflexiones habían pasado por la cabeza de Laureano, él se había quedado en la sensación de que la muerte era un gran ladrón hija de puta.
Varias denuncias llevaba su situación de niño solo, y las asistentes sociales, ya eran visitas esperables en su casa. Eran días en que él pagaba a la almacenera Justina para que se hiciera pasar por su abuela, y ella les decía que los vecinos no la oían porque ella apenas si hacía ruido, las señoras se iban no muy convencidas, pero por algún tiempo lo dejaban en paz vivir con sus recuerdos, guardar la esfera que retenía las voces, las risas, todo lo que allí había habido y él no estaba dispuesto a que también le fuera arrebatado.
En el segundo cajón de la cómoda debajo de la ropa, había encontrado, luego de la tragedia, suficiente dinero, para vivir sin preocupaciones económicas. Compraba comida hecha en la rotisería de su abuela de alquiler, iba a la escuela rigurosamente, más por correr a las asistentes sociales, que por vocación estudiantil, estudiaba por la misma razón, y luego se iba al patio como siempre lo había hecho, a buscar insectos.
No era feliz, tampoco infeliz, sólo era…llevaba la vida como podía, y vivía de recuerdos.Quizá era muy temprano para que un ser humano de su edad viviera de ellos, pero así lo había dispuesto la vida…o quién fuera…y convengamos que en este trapecio, donde se trastabille cada uno se toma de la cuerda más cercana, para no caer…
Los días fueron pasando, los recuerdos cada vez le eran más lejanos, el olor de su madre y padre, se fue disolviendo del aire de la casa…llegó un día en que no pudo recordar cómo era la voz de su madre…ese día fue él que decidió llamar una asistente social, contarles que su abuela había muerto, y que dispusieran de él según les pareciera conveniente.
Le llevaron a un hogar de huérfanos, el que miró sin simpatía pero con resignación, y de ahí en más su vida se volvió tan incolora, que los días se le pasaban mirando al techo.
El primer día que apareció, le causó algo de temor, luego ya no…jugaban a las cartas, salían al patio, comía con él en la mesa, y mantenían largas e interesantes charlas, una vez todos se habían ido a dormir.
Todos se habían habituado a que anduviera por el hogar actuando como que alguien estuviera a su lado, y fue apodado “el loco”…pero él desde que ella había aparecido ni se percataba del mundo exterior, se había refugiado en su mundo y en él era perfectamente feliz.
Cuando vinieron los médicos a hacerle una evaluación, decidieron llevarlo a otro sitio, pero a él no le importó…él había hallado su paz, y no había nadie que pudiera quitarle de un lugar que no necesitaba espacio.
Los días transcurrieron, los años…Y Laureano se volvió adulto en aquél lugar, hasta que un día, probablemente sin que él lo percibiera, le dijeron que tenían una sorpresa para él, habían,(luego de mucho buscar por denuncias anónimas que les habían llegado), encontrado a sus padres, los cuales se veían bastante arrepentidos de haberse dado por muertos en un fraguado accidente para cobrar el seguro, y abandonando a su suerte a un niño de tan sólo ocho años.


Silvia martínez coronel
Derechos registrados.
 

10 comentarios:

  1. Como siempre nos trasladas a una noria espectacular de sentimientos,en una historia bien urdida donde,se torna coral de manera lógica. Situaciones que, de una manera u otra, algunas personas hemos vivido y por tanto, reconocemos. En tu línea, el relato sube de tono creciendo el interés. Buena hechura. Felicidades y gracias.Besos

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  2. Muchas gracias Mab, por allegarte y por tu valoración. ABRAZO.

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  3. llegar al final de tus relatos es siempre una aventura que se ve premiada con la calidad y la sorpresa, felicidades Silvia.

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  4. Gracias querida amiga, tu lectura es siempre una caricia a mi alma. ABRAZO

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  5. Silvita, y no esta lejos de la realidad aquella triste historia, muchos son los que con tal de cobrar el seguro se hacen pasar por muertos, ay que dolor! Una historia desgarradora, contada con la inteligencia de una escritora que no se intimida en narrar ficción y realidad con una sinergía y astucia fenomenal. Un abrazo grande. Feliz fin de semana. Gracias!!!

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  6. Silvia... me encantan tus relatos con ese tomo psicológico que les das, me dejan pensando mucho.... en el caso de este texto en especial, en el daño tan grande e irreversible que se puede provocar en un niño.... y aunque el tuyo es solo un relato, en la vida real ves los casos mas terribles y hasta absurdos y bizarros, sin dejar aparte la crueldad.....
    Gracias por compartir..

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  7. Marce, te agradezco la apreciación. La realidad y la ficción son hermanas,ambas son creaciones, y una nutre a la otra. ABRAZO.

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  8. Gracias Ana María, toda creación tiene mucho de real, y en mi caso, pretende ayudar a reflexionar sobre temas en los que deberíamos comprometernos seriamente. ABRAZO.

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  9. Una crueldad absoluta, una vez más, de quiénes nunca debieron merecer la dicha de llegar a ser padre o madre. La narración es impecable, atrapadora de principio a fin como todos tus relatos. La historia es algo más que cruel y villana, es dolorosa, Laureano se perdió para siempre en el pantano de la sinrazón. La utilización (tan original) del argumento, es la historia repetida de tantas situaciones de abandono de a quiénes se les vino muy grande ser "padre" o "madre"....!!!

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  10. A veces me he rebelado ante el hecho de que la naturaleza haya dotado de fertilidad a gente negada, y haya hecho estériles a seres con alma...es uno de los pocos errores que le encuentro a la madre tierra...Gracias Liliana, por tu comentario. ABRAZO.

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