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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

IMPOTENCIA



salió de su casa sin saber que iba a ninguna parte, cosa que supo mucho después, cuando se percató que habría caminado entre veinte y ochenta cuadras, miró instintivamente su muñeca, pero no llevaba reloj...miró al cielo, atardecía, recordó no sin esfuerzo que el sol aún estaba fuerte cuando había salido de su casa. creyó ver en su mente a Carmela llorando, pidiéndole que no volviera a dejarlos solos, tomándole de la pollera, que el niño pequeño tenía fiebre,y que no les había dejado de comer... quiso correr hacia su casa.recordó el momento en que traspasó la puerta, lo que ahora sentía vívidamente, lo percibió entonces como imágenes que no le fueran propias, como algo que hubiera visto en una película, a la que no le hubiera prestado mucha atención, hasta entonces, en este momento en que se percataba de que no hacía menos de cuatro horas que faltaba de casa, y de que era necesaria allí. miró su derredor, nada le sonó conocido, los autobuses estaban marcados por letras, no por números, como los que conocía. intentó preguntarle a alguien, pero nadie parecía percatarse de que estaba allí, comenzó a desesperarse, a detener la gente, o lo que fuera, tomándoles por los hombros, pero seguían su camino como si nada. la invadió la impotencia, se sentó en el cordón de la vereda, puso su cabeza entre sus manos y se echó a llorar, al principio parecía el llanto de una mujer adulta, luego el de una joven, hasta que se sintió llorar como niña, sentada en el último escalón de la escalera de sus padres, con su muñeca confidente, su Rayito de sol, antes claro que su padre la pusiera en una bolsa junto con su alucinante mamadera mágica y decidiera regalarla. recordaba la sensación de dolor que le provocó la cara de la muñeca contra el nylon, seguro se sentía asfixiada...y ella no poder hacer nada para salvarla, porque como siempre, cuando su madre estaba de elecciones su padre hacía esa razia, motivado por la extraña revelación de que había terminado una etapa de su infancia, también la obligaba a comer boñiato y coco, los que odiaba y terminaba vomitando, cosa que su padre sabía, pero que repetía cada vez que su madre las dejaba a su "cuidado".
la calle parecía volverse cada vez más estrecha, empezó a faltarle el aire, imaginó que así debió sentirse su muñeca Rayito, apretada en la bolsa...las palabras unidas habían cesado, recordó que era escapando de ese atroz sonido que había salido impelida de su casa, de repente se sonrió, se acordó de una de las frases que su madre repetía siempre: "cuando el incendió va con uno, de nada vale correr", volvió a sonreírse al preguntarse cómo era que su madre ya no se había muerto producto de quemaduras de tercer grado...claro, su madre había puesto el fuego en la vereda de enfrente, y hace mucho que había decidido ni mirarlo, es más probablemente a nivel inconsciente, se despechaba haciendo ceniza a otros...le vino a la memoria su cumpleaños de quince donde ella le prohibió "festejarlo" con música, volvió a sentir las miradas azoradas de los invitados...lo fea que se sentía entonces, lo impotente...lo infeliz.
comenzó a caminar en sentido contrario, la lógica le indicaba que si caminaba en sentido inverso se acercaría a su casa, aunque le inquietaba que nada de lo que viera le sonara conocido, las casas de estilo gótico, los autómatas vestidos de sport...algo la hizo mirar hacia atrás, y descubrir a unos seres más normales vestidos de blanco, mientras uno se empeñaba en que dijera su nombre y dirección, lo dijo...no tenía la más mínima idea de dónde había sacado la información, pero la misma parecía haber aliviado al médico, que mirando a sus colegas, dijo con naturalidad: -bueno...todo está bien, despertó lúcida de la micronarcosis.


silvia martínez coronel
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