Datos personales

Mi foto
SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

TRANSLATE-TRADUCCIÓN

sábado, 21 de enero de 2012

LA LLUVIA


La lluvia arreciaba sobre el pueblo.
La gente miraba boquiabierta, a través de las ventanas como las furia del agua comenzaba a rebasar las calles.
Los días pasaron, y aquello no parecía tener intención alguna de detenerse.La gente comenzó a acomodar bolsas de aserrín detrás de las puertas para evitar que invadiera las casas. Aunque pronto manaba indiferente,el pertinaz líquido por los resquicios de las baldosas.
No faltó quién se aventurara a salir con una metralleta a disparar al cielo.
Los críos, que justo estaban estudiando en la escuela, las conductas primitivas, improvisaron cánticos y haciendo una rueda se divertían intentando revivir una ancestral danza de la lluvia.
Las monjas fueron las primeras en aducir que todo se debía a un castigo divino por la conducta licenciosa de las mujeres desenfrenadas.Luego vino la teoría de las señoras, de que era producto del creciente escepticismo de los habitantes. Los hombres, que no quisieron quedarse atrás, aseguraron que era fruto de la inoperancia del gobierno...sólo los niños no se cuestionaban las razones de la invasión del agua, y se limitaban a construir barquitos de papel y disfrutar viendo como navegaban sobre el improvisado río. Algunos hasta quisieron aprovechar la ocasión para aprender a nadar.
Una tarde la humedad deshizo los calendarios, y los relojes sucumbieron ante la impredecible borrachera.
En imprecisables días la gente perdió la noción del pasaje del tiempo, y empezó a comer a cualquier hora, a dormir cuando se les apetecía, y a festejar cumpleaños por las dudas...En poco el pueblo liberado de sus antiguas obligaciones, y civilizados horarios comenzó a sentir la extraña cosquilla de la libertad.
De repente miraron hacia abajo y descubrieron la fiesta de los niños,y unos cuantos se pusieron a armar barquitos y se sumaron a las expediciones de sus hijos.
Luego de algún tiempo, hasta de lejos,junto con el sonido del agua, se sentían las risas de los adultos, mezcladas con la de los pequeños.
Emancipados de el tener que ir a trabajar,y de otras múltiples obligaciones acomodadas a rígidos horarios, la euforia de los pobladores que ya lanzaban todo tipo de objetos al agua para verlos navegar, crecía, haciendo olvidar el tenaz gris de las calles.
Entonces un Domingo, justo en el momento en que el más anciano de los habitantes miraba con orgullo, su recién terminado velero, muy similar a los que solía construir en la adolescencia,el cielo sin previo aviso, dejó su llanto y en el medio de él se presentó un renovado sol, que los pobladores miraron con asombro, sin reprimir una nunca antes vista rabia que los hizo encerrarse en sus casas e intentar de todas las maneras posibles evitar la evaporación del agua.


Silvia Martínez Coronel
Derechos registrados
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario