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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

LA SOMBRA



Tenía miedo de dormirse, sabía que el mismo sueño volvería a hacer casa en su cabeza, la sombra, el golpe, el dolor en las costillas, punzante y luego el arrastrase por el suelo intentando escapar.
Ponía música, encendía el televisor, se ponía a cantar, tomaba mucho café...pero luego de denodados intentos por correr el sueño, se quedaba dormido. Y las imágenes reaparecían, a veces con una variante, la sombra en vez de negra era blanca, lo que le causaba más temor , pero en el resto, se repetía idéntico. Se despertaba sudando, temblando, la más de las veces acurrucado en posición fetal.
Miró al enemigo, marcaba las 7 y cuarto, percibió los síntomas de disnea…tenía media hora, para pasar por el baño, vestirse y salir. Hubiera dado la mitad de su vida porque fuera domingo, pero no lo era.
En pocos minutos se encontraba en la calle, en el ómnibus un señor de unos 40 años, parecía leer el periódico, pero él veía como de cuando en cuando le dirigía una mirada reprobatoria, empezó a sentir náuseas, se bajó del bus tres paradas antes para evitar la mirada inquisidora del hombre, y se fue caminando al trabajo.
Al llegar vio al jefe sentado en su oficina, lo que lo paralizó, -qué habré hecho de malo, pensó, súbitas puntadas surgieron de su sien derecha…buscó en su maletín hasta encontrar las pastillas que combatían sus migrañas, y se tomó dos.
El jefe lo vio, y lo llamó, ya uno en frente del otro, le dijo que se tomaría unas vacaciones de una semana y que lo dejaba a él a cargo de la oficina…en ese momento deseó que la llamada hubiera sido porque algo lo hubiera hecho mal…pensar en quedarse a cargo de todo lo aterraba.-Puedo confiar en ud, Ramírez, verdad?-sí claro, respondió, sintiendo como las pulsaciones se hacían cada vez más intolerables.
Miró a los empleados, sintió que después de ésta todos lo odiarían. Sabía que nunca le había caído bien a ninguno, que cuando él pasaba todos cuchicheaban hablando mal de él, y que eso era lógico, porque después de todo, todo lo hacía mal.
Se sentó en su escritorio, y se puso a hacer las tareas del día, en general no hablaba con nadie, consideraba que nadie querría hablar con él, y seguro estaban deseando que se fuera, y no volviera.
El horario de trabajo era un tortura que a penas toleraba a base de relajantes musculares y anti-migranias.
Pensó en que le quedaban tres días antes de hacerse cargo de la oficina, y tembló. Si bien por un lado le provocaba un extraño placer haber sido elegido, por otro, estaba seguro que era una prueba impuesta por su jefe para comprobar su mal rendimiento, y luego de la misma, seguro lo despediría.
Volvió a la calle a las 6 y 30 de la tarde. En el ómnibus encontró sentado al hombre del periódico de la mañana, lo que le disgustó. Intentó evadirse en algún recuerdo de la infancia. Él debía tener unos 7 años cuando lo despertaron los ruidos, su padre golpeaba a su madre, y ésta gritaba.Él se interpuso, y el padre de un bofetón lo tiró lejos, y dijo:-sólo esto me faltaba, que este inútil viniera de defensor. La palabras de su padre lo irritaron, se levantó producto de una fuerza desconocida, y se lanzó hacia sus manos y mordió sus muñecas la sangre comenzó a manar, su padre trastabilló y quedó sentado en el suelo,su madre se levantó, y le dijo:-qué has hecho animal?, mira en el estado que has dejado a tu padre, él temblaba, y fuertes puntadas comenzaron a tomar su cabeza, se paralizó.
Cuando llegó la ambulancia, sintió todo aquel ruido de la gente a su alrededor, vio la sangre en sus manos y en las de su víctima, chorreando hacia el suelo. Sintió como algunos pasajeros lo sujetaban. Vio al medico revisar rápidamente al hombre del periódico, y escucho de aquella boca, otra vez las terribles palabras:- lo sentimos, pero la hemorragia no fue detenida a tiempo.

Silvia Martínez Coronel

D.R.

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