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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

LAS LLAVES


Caminaba velozmente, como con miedo a ser alcanzada por alguien malvado, o como si hubiera cometido un crimen y tuviera miedo de ser descubierta. Miraba repetidas veces hacia los costados y hacia atrás, y apuraba aún más el paso. La llaves se movían dentro de su sudorosa mano, asida de la que abría la puerta de su casa, puesta en la postura exacta, para encajar en la cerradura. De repente se percató de que llegaba la noche, aún estaba a varias cuadras, comenzó a correr como una enajenada, llevándose la gente por delante, sin respetar los semáforos, mirando constantemente al cielo, hasta que sintió el dolor agudo sobre su pierna derecha, el estrépito de la caída, el color negro lo invadió todo y dejó de sentir.
Despertó sin saber quién era, dónde estaba, cómo se llamaba, por qué estaba entubada. Buscó recuerdos en su memoria, y no halló nada.
Por la ventana se colaba una luz tenue que reconoció como el amanecer.
El olor penetrante a alcohol le repelió. 
Cuando entró la enfermera a hacer el parte, la encontró despierta y asustada. Corrió a la enfermería a intentar ubicar el médico que la atendía.
A los veinte minutos, un hombre de barba blanca, lentes, y mirada amable, se presentó en la habitación. Se sentó a su lado y comenzó todo un interrogatorio, al cuál no pudo responder a ninguna pregunta sobre ella misma y su circunstancia...se puso muy nerviosa, y sólo atinó a decir:_¿quién soy?...el doctor le dijo que lo lamentaba, pero en los siete años que llevaba en coma nadie se había presentado que la pudiera reconocer..._¡siete años!, dijo despavorida..._no se ponga nerviosa, señora, le contestó el médico...ahora que salió del coma seguro que usted misma podrá ir recuperando su historia..._pero no me acuerdo de nada, dijo con voz algo vencida, la pobre mujer. El médico le tomó la mano, e intentó hablarle con la voz más serena que pudo:_de a poco se irá acordando, ya lo verá.
_¿Cómo estoy?, preguntó..._aparentemente bien, sus valores han vuelto a la normalidad...si todo sigue como es de esperar, en poco días le daremos de alta..._y,¿a dónde iré?...Por primera vez, el hombre no supo qué contestarle, la miró con una mirada desolada, al rato le dijo sin mucha convicción:_todo se va a resolver.
Era Sábado, la mujer caminaba despacio por una calle que creía ver por primera vez. Se detuvo ante una vidriera e intentó por novena o décima vez reconocer su rostro como algo propio, quería por lo menos fijar sus rasgos en su memoria, le daba temor encontrarse de repente frente a un espejo y no darse cuenta que era ella. Siguió caminando...la seguridad social le cubriría seis meses de hotel, hasta que lograra iniciar, o reiniciar la vida de una mujer sana.
Miró el mapa que le había improvisado el enfermero,leyó el nombre de la calle,_estoy a dos cuadras se dijo. 
Siguió caminando, el olor a jazmines parecía haber invadido la ciudad, se detuvo unos instantes para cerrar los ojos y abrir los pulmones a la caricia del aroma. 
Miró su derredor, un niño perseguía una pelota,la mirada sonriente y diáfana del pequeño le llenó el alma de ternura…continuó su ruta,_ esta es la calle,se dijo. A los pocos metros divisó el cartel del Hotel “Alejo”, se acercó, traspuso la puerta. Cuando le pidieron nombre y documentos, repitió lo que le habían dicho:_vengo del Hospital, me envía la seguridad social, soy el caso número 12. Bien, le respondieron, la estábamos esperando, ¿cómo quiere que la llamemos?,_María, contestó…_pues muy bien María, aquí tiene sus llaves, siga al fondo y tome la primera habitación a la derecha. La mujer asintió con la cabeza. Tomó las llaves, le agradó como relucían entre sus manos,no recordaba haber tenido otras en su vida, las fue mirando como un niño a su juguete nuevo mientras recorría el pasillo. 
Llegó a su habitación, y abrió la puerta, un intenso olor a madreselvas la esperaba en el cuarto al que observó con simpatía, cerró la puerta tras de sí, y sonrió por primera vez en diez años,desde que su marido e hijo habían muerto en aquel accidente de tránsito. Entonces, había intentado volver a encender el auto para ir por ayuda, pero no fue posible.Caminó largo rato hacia la carretera en búsqueda de socorro, hasta que unos viajeros la encontraron temblando,aún con las llaves del coche, ensangrentadas entre sus manos. 

silvia martínez coronel
derechos registrados.

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