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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

ROSA


La dependienta de la Farmacia, seguía bajando perfumes y poniéndolos en el mostrador, ya con mala cara, pues la cliente los olía y los devolvía de forma inmediata y seguía pidiendo más, Otros se los ponía sobre la piel en generosas cantidades, esperaba sentir el aroma, pero al no conformarse, los desechaba...
La empleada más por hartura que por hacerle honor a la verdad, le dijo que allí estaban todos, que no había más.
La cliente levantó un solo ojo, y le dijo:-pago lo que sea, por un aroma muy concentrado y de muy larga duración.
La vendedora, no dijo nada, se limitó a ir a la trastienda y traer un frasco pequeñito, y le dijo:-este es el más caro que tenemos, no lo ponemos en anaquel porque nadie se lo lleva, es sumamente concentrado, e incluso, luego del baño, el aroma persiste.
A la muchacha se le iluminó la mirada, y dijo sin preguntar el precio:-lo llevo.
Pagó sin chistar el cuantioso precio, y salió de la tienda, con una amplia sonrisa de oreja a oreja. 
Ya en la calle, abrió apresuradamente la caja,sacó el frasco y se lo echó encima, dejando apenas unas gotas en el fondo. Se paró un instante para valorar el efecto. Vio como varios traseúntes pasaban y modificaban la cara al acercársele. Al contemplar la actitud de ellos, sintió como se le aceleraba su corazón:-me han robado, se dijo, esta porquería no tapa mi mal olor.
Inmediatamente paró un taxi, y ya dentro de él comenzó a llorar desesperadamente. El taxista mareado por el penetrante olor a cosmético, le preguntó si le pasaba algo, la mujer lo miró con una mirada que revelaba su profunda angustia, y le dijo:-ud. también siente mi mal olor, no?...el hombre se echó a reir. La mujer se sintió peor, creyendo que había espantado al hombre con su fétido aroma, y salió presurosa del auto, y se echó a correr.
Le había sido diagnosticada esquizofrenia hacía unos dos años. Aún vivía con su madre, quién toleraba el calvario y la impotencia. Había pegado en la nevera una hoja con la medicación y los horarios, pero la muchacha se negaba a tomarlos, entonces su madre se los mezclaba con la comida y así lograba que los ingiriera...Su estado emocional, se fragilizaba día a día al ver el sufrimiento de su hija y sentir que no podía hacer nada. 
En eso, la chica entró a la casa hecha un mar de lágrimas, y se acurrucó en el sillón escondiendo su rostro...Su madre ya sabía lo que venía, y simplemente exhaló un suspiro. La muchacha comenzó con su letanía:-todo el mundo lo siente, no hay forma de que me quite este olor, yo no sé por qué no me mataste cuando era una niña, para darme una vida tan desgraciada!, me quiero morir, me quiero morir, me quiero morir...la madre siguió lavando los platos de espaldas a su hija, mientra gruesas lágrimas caían por sus mejillas, pensó que por lo menos, era una suerte que su niña pequeña no estuviera en casa.- Claro, a vos no te importa, total, la que tiene que vivir este espanto soy yo; me voy a bañar, dijo, y se levantó súbitamente, y en pocos segundos se sintió el sonido de la regadera. Hora y media después, Ámbar salió del baño, un aroma embriagador a primavera envolvía el aire. La muchacha se dirigió sin decir una palabra, hacia su habitación y la cerró con llave. Ya adentro, el dolor en su estómago pareció agudizarse y comenzó a sentir náuseas. Levantó su cabeza y se puso a mirar el techo, encendió música y la apagó en seguida. Como poseída abrió su ropero y empezó a dar con rabia, contra el piso centenares de frascos de finos perfumes, muchos sin uso. La madre sintió el estruendo de los vidrios dados con furia contra el suelo, y se limitó a salir de la casa, y sentarse en un banco de la plaza que quedaba enfrente.
La habitación de Ámbar se había convertido, de repente, en una mezcla indefinida de un fortísimo aroma que haría lagrimear los ojos a cualquiera. 
La chica se dirigió hacia otro ropero, lo abrió, el mismo estaba lleno de ropa negra de muy buena calidad. Ámbar empezó a tomar una a una sus prendas y comenzó a rasgarlas, el trabajo le llevó horas, luego puso los harapos dentro de una bolsa de basura y se dirigió al contenedor de enfrente y tiró todo dentro.
Su madre que aún seguía en la plaza, corrió presurosa a levantar la tapa y tomar la bolsa, la abrió , miró dentro, levantó con una mano los que habían sido hace tres horas hermosos y caros trajes, y contempló sin asombro, pero con miedo los despojos. Volvió a cerrar la bolsa y la puso cuidadosamente dentro del contenedor. Luego cruzó hacia la otra acera, e intentando reprimir el mar de lágrimas que la invadian se alejó unas veinte cuadras de la casa. De repente se detuvo, sacó de dentro de su bolso un pequeño frasco de perfume francés, lo abrió con prisa, y se lo echó encima. 


silvia martínez coronel
D.R.

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