Datos personales

Mi foto
SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

TRANSLATE-TRADUCCIÓN

sábado, 21 de enero de 2012

VIERNES SANTO



Tenía 19 años, había sido prometida a los 16, era la noche anterior a su boda y no podía dejar de llorar ni reprimir el vómito. Todo lo más silenciosamente posible, no sea que sus padres se percatasen de su gesto de triste rebeldía y fuera a ocasionarles un disgusto.
De repente respiró hondo, como le habían enseñado sus amigas ya casadas, que debería hacerlo la noche de bodas, para amortiguar el dolor, y su mente se perdió dentro de antiguos pensamientos: de pronto se vio sentada, con no más de cuatro años ,en el portal de su casa, jugando con sus muñecas. Fue la primera vez que vio pasar hacia el interior de su casa a quién sería su futuro marido. Un hombre de unos treinta y tantos, de mirada seria, traje y corbata, amigo entrañable de su papá.
El cabello castaño le caía suavemente sobre su espalda, vestido amplio de gasa y puntillas,blanco como sus medias y zapatos.
Se levantó de repente, para irse a hamacar en su columpio, era algo incómodo ubicarse en él con tanta pollera sobre pollera, la dureza del almidón, la enagua, pero tras intentarlo varias veces logró sentarse, aunque no sintiera el asiento, y se hamacó tan alto como pudo.
El hombre salió como a la hora y media, se acercó a ella y le acarició la cabeza, -adiós pequeña Antonia, le dijo, y le acercó un caramelo que la niña guardó detrás de sí, y tiró apenas lo vio perderse en el paisaje. Aquel hombre le había causado cierto temor, no supo bien por qué, pero de inmediato corrió hacia el patio trasero a refugiarse dentro de las faldas de su madre.
La mujer le preguntó qué le pasaba, pero ella, sólo la miró y se fue a buscar a su muñeca Justina, la compañera de sus días tristes.
Ya nada podía hacerse, en pocas horas, vendría la modista a ponerle el gran disfraz, a acomodarle la cola de 12 metros y la corona, también llegarían sus amigas ya casadas a maquillarla como una muñeca y con las pinturas tapar las ojeras de la noche en vela, y dejar sobre su boca una sonrisa congelada. Sólo un minuto le dio su impulso vital para cuestionarse la barbarie, para refugiarse en el temor, para sentirse el ser más desgraciado del mundo, luego acató su suerte de Jueves por la noche, y se quedó dormida.
Tenía once años la primera vez que lo vio refulgir entre la gente, se cruzaron sus miradas, el chico algo más atrevido, educado en la escuela de la calle, le regaló una sonrisa y se acercó a obsequiarle una de las flores que vendía. Su nana, se apresuró a apartarle, diciéndole que la señorita no aceptaba regalos de "pata en el suelo", en ese momento Antonia bajó la mirada y descubrió bajo la suciedad, los pies más bellos que vería en toda su vida.
La segunda vez tenían catorce años, fue verse y correr a el zaguán más cercano a besarse desesperadamente. No sabía como lo había hecho, sólo sintió que había sido el momento más grandioso de su vida, y mucho después, ya anciana y rodeada de nietos, la vida había tenido el tiempo suficiente de convencerla de que había sido el mejor momento de toda su existencia.
El primer rayo de sol, le hizo entrecerrar los ojos, una puñalada le atravesó el estómago, como que fuera un soldado con los que jugaba de niño su hermano mayor, se sentó en perfecto y súbito ángulo recto sobre su cama, había comenzado su vía crucis, había sido vendida a cambio de hacer desaparecer una hipoteca.
Se levantó y fue hacia el plato de loza a lavarse las lágrimas secas, y a preparar la cara más digna que encontró en su repertorio, para tolerar el sacrificio.No quería entristecer a su padre, que no sólo había encontrado la mejor solución para mantener su estilo de vida, sino le había hallado uno de los mejores partidos,ya que era un hombre muy rico, recientemente enviudado y sin hijos.
La tercera vez que lo vio, ya estaba prometida, él intentó acercarse pero ella se echó a correr con todas sus fuerzas, la nana intentó seguirla, pero su quilaje se lo impedió, sólo logró encontrarse con ella ya dentro de la casa,-¿pero qué te ha pasado mi niña?, parece que hubieras visto la cara del mismísimo Satanás , dios me salve y guarde. Antonia no contestó, sólo anduvo deambulando por la casa el resto de la tarde, canturreando las canciones que le enseñaba su abuela,cuando era muy niña, y se pasaba las tardes jugando a las muñecas, en el portal de su casa.


silvia martínez coronel
derechos registrados
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario