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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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sábado, 21 de enero de 2012

VIERNES


Estaba tocando fondo.
La vida había actuado con ella como un entrenador, poniéndole continuamente, prueba tras prueba, siempre había logrado levantarse, con buen instinto de supervivencia; cuando había sido posible enfrentar lo había hecho, y cuando no, había salido corriendo.Pero esta vez, se encontraba totalmente perdida,no lograba identificar dónde estaba el enemigo, parecía que una fuerza extraña la estuviera llevando a hacer cosas que no lograba comprender...y de repente, sentía como que todo se le estaba cayendo encima, y no sabía que hacer con tanta carga.
Pensó en otros momentos de su vida, en que había salvado obstáculos, pero exhaló un gran suspiro...nada, nada se parecía a esto, lo que le estaba sucediendo no tenía precedente alguno en su historia, le había llegado sin estreno, y lo peor, no hallaba dentro de sí, como siempre había sido, ni las armas para combatirlo, ni las fuerzas necesarias para salir corriendo.
Se tiró de espaldas sobre la cama, se quedó quieta por unos instantes mirando un punto fijo en el techo, intentó no pensar en nada, dejar la mente en blanco, cerrar los ojos, quizá dormir...pero no, no había forma de calmar aquella agitación, o por lo menos ella no conocía la manera.
Se levantó, miró el reloj que tenía enfrente, en media hora debería estar allí, apenas le quedaba tiempo de darse una ducha, y salir, probablemente tarde...pero bueno...fue a su ropero, y nada le pareció adecuado, se puso más nerviosa, sintió que perdería más tiempo, así que marchó hacia el baño, sin nada, y decidió vestirse luego, cuando el tiempo la apremiara de tal forma, que terminara escogiendo con velocidad.
Ya bajo la ducha, las lágrimas se precipitaron desde sus ojos, las dejó caer, sin pensar en ello, y se secó junto con el agua, el líquido salado que corría por su rostro. Se miró al espejo, se vio joven y bella, extrañada de sí misma, sonrió, vio como su expresión le otorgaba brillo a sus ojos, no el vidrioso de las lágrimas, sino el mágico, de la felicidad.Volvió a su dormitorio, se vistió sigilosamente, se detuvo un instante en la puerta antes de salir, el corazón le latía muy fuerte y se sentía llena de luz. 
Tomó impulso, salió a la calle e impelida por esa nueva fuerza, una vez dentro del coche,dijo al taxista, sin dudarlo, la dirección del bar donde la esperaba ansiosamente otra mujer, también con el alma resplandeciente, repitiendo para sus adentros, la música de su nombre.

silvia martínez coronel
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