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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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miércoles, 8 de febrero de 2012

CAMINO A CASA“El poeta es un pequeño Dios”. Vicente Huidobro.



Yo le había indicado el camino de regreso a casa, era un camino lleno de obstáculos, que requería cierta habilidad, para ser transcurrido, pero le tenía mucha fe en el hecho de que pudiera llegar a la meta. Empezó a recorrerlo un Viernes. Recuerdo que al principio se cayó varias veces, luego su cuerpo fue tomando impulso, su mente se fue entrenando a sortear lo que intentaba impedirle la marcha, y comenzó a andar más seguro, hasta que empezó a disfrutarlo, y su andar ya parecía un baile, entre los árboles y las fieras del bosque.Las mismas ya no intentaban comérselo, se habían resignado a sucumbir ante su destreza, y cuando lo veían pasar, giraban sobre sí mismos, y se marchaban lo más pronto posible; les dolía haber sido superados por un simple humano, delgadito además, que de lejos no parecía que tuviera toda la fuerza que llevaba en el interior, algo tan poderoso, que hacía que de sus ojos saliera una luz cálida y penetrante, mezcla de amor con seguridad que hacía recular a cualquiera que se le acercara con la intención de hacerle daño, y quedarse cerquita al que se allegaba buscando su corazón de paloma recién nacida.Así iba Rodrigo por el camino, rodeado de aves y cervatillos, cantando dulces melodías, que hacían que el aire se colara suavemente por entre los recodos de los amaneceres y atardeceres, que le llevó a Rodrigo su viaje.El día que se le ocurrió quitarse los zapatos, seducido por el rocío que brillaba sobre el pasto, los cuervos se alejaron aún más de su camino. Él sólo dejó que sus pies sintieran la maravilla y sus pulmones exhalaron un poco más del amor del que llevaba dentro, lo que hizo que al rozar su aliento un huevo que reposaba sobre un nido abandonado, se moviera, crujiera la cáscara y naciera un pájaro.Inmediatamente, éste se echó a revolotear alrededor de la cabeza del muchacho que le devolvió una sonrisa plena de ángeles.Cuando llegó al portal de su hogar, miró hacia atrás el bosque que dejaba, para retenerlo en su memoria, se dejó llevar por el último impulso, y fueron abiertos sus ojos a un mundo nuevo, donde el médico al darle una suave palmada, le hizo olvidar, de pronto, el viaje que lo había llevado hasta allí. Dentro de aquel cuerpo, y sin saberlo, producto de aquel hermoso recorrido que llevó nueve lunas, Rodrigo hizo de aquel niño, que luego se convirtió en un prometedor poeta, un ser pleno y feliz.

Silvia Martínez Coronel
Derechos registrados.

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