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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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lunes, 21 de mayo de 2012

CRÓNICA DE UNA DEPRESIÓN I. 40 HORAS

 

Volvió a despertar a las 5, lo había hecho a la 1 y a las 3.
Se incorporó, y fue hasta la cocina a prepararse un café.
Tenía algo de sueño, pero deseó firmemente que el mismo desapareciera con la sustancia que ingeriría…No quería un cuarto despertar…todo aquello la dejaba muy agotada.
A la una, demoró media hora en volver a dormirse, a las 3, algo más de una hora…
Miró hacia fuera, la noche negreaba cuál manto de consuelo, sobre los seres atareados del día, que ahora reposaban sin sobresaltos.
Se miró las manos, meticulosamente, cada uno de los dedos, apretó los puños, sintió el peso iracundo en el pecho, y las lágrimas comenzaron a manar desde sus ojos.
-Estoy harta, dijo, abrió el microondas y bebió sin saborear el líquido negro apenas tibio, sin azúcar.
Pensó qué hacer a aquellas horas…y descubrió sin sorpresa que no le apetecía hacer nada…se sentó un rato en la silla del comedor, hasta que la sensación que la acompañaba la hizo levantarse y volver nuevamente a la cama.
Esta vez se acurrucó mirando hacia el Este, elevó el acolchado sobre su cabeza, y se durmió enseguida.
A las 8 y 20 volvió a abrir los ojos, la luz del día invadía la habitación, y por suerte se encontró sin sueño alguno.
Buscó la bolsa con sus pastillas, fue por agua, y se tomó doble dosis, buscando mayor efecto.
Fue hacia al baño, y se miró al espejo, su cara no denunciaba su edad, sus ojos cansados, el rictus obligado, le hacían aparentar por lo menos diez años más.
Volvió a su cuarto, revisó sin interés la noticias, y de repente descubrió que debería salir a hacer compras, por lo menos las cosas fundamentales., inmediatamente, pareció que un hormiguero se hubiera destapado en su estómago, y miles de hormigas corrieran de prisa, por su sangre.
Odió su vida, nuevamente las lágrimas se acumularon en sus ojos, sólo que esta vez llevó las manos hacia su cara y rompió en llanto
Nada de lo que pudiera ser dicho podía aliviar su dolor, nada, ella misma era nada, caminando por la cornisa del desconsuelo, mirándose tambalear, con una total lejana repelencia.
Pensó en bañarse, imaginó el abrir la regadera, y no, no podía hacerlo. -Y si sólo se lavara el cabello?, su voz interior contestó que tampoco, -otro café?. Sí, al parecer el café era bienvenido.
Hacía mucho que no lograba concentrarse lo suficiente como para leer un libro, y eso que siempre había sido uno de sus mejores pasatiempos.
Siempre…ese siempre ya llevaba varios años…y caminar…mucho más difícil todavía…salir de casa la angustiaba…nada parecía provocarle placer, salvo escribir, y eso estaba menguando día a día.
Pensó en que dentro de poco, su vida quedaría reducida a una existencia vegetal, insomne, una planta de ojos abiertos, a la que ella despreciaría, y por supuesto se negaría a regar.
Lo había perdido todo: marido, trabajo, amigos, hijos…todos se habían marchado,los había corrido su enfermedad, y ella lo comprendía, estar a su lado no era exactamente algo agradable...estar dentro de ella menos...pero ella no tenía como huir.
El teléfono ya no sonaba, y de hacerlo, por nada lo cogía, le tenía terror, cualquier cosa que viniera del mundo exterior era visualizado como un enemigo.
A la tarde tocaba ir a control con la psiquiatra, pero prefirió quedarse durmiendo.
Al otro día la cita con el psicólogo era a las 14, pero inventó cualquier cosa, y se quedó en casa…había renunciado, bajado los brazos.
Empezó a tomar medicamentos a grandes dosis sin control, y ni así logró amortiguar la angustia…Vivir se había vuelto algo insostenible.
Entonces, sonrió, tomó el cuchillo grande de la cocina y lo presionó sobre sus muñecas.


silvia martínez coronel-derechos reservados.

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