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SILVIA MARTÍNEZ CORONEL, alias AURORA BOREAL,de Montevideo, Uruguay. Soy profesora de Literatura,formadora de futuros docentes,crítica de arte,declamadora,poeta,cuentista,madre y viceversa. Amo con pasión todo lo que hago, me entrego entera, no conozco otra forma de estar en el mundo, ni quiero aprender. Los textos aquí expuestos están registrados como propiedad intelectual de la autora.Si deseas hacer uso de ellos has de ponerte en contacto con ella. Todos los derechos reservados. No se puede copiar ni distribuir. No se puede hacer uso comercial con esta obra. No se pueden hacer trabajos derivados de ella.

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viernes, 21 de septiembre de 2012

VIVIR A TRECHOS


"siempre seré el que gritó que le abrieran la puerta frente a
una pared sin puerta/y oyó la voz de Dios en un pozo tapado"TABAQUERÍA,de F. Pessoa

Desde pequeña había aprendido a vivir a trechos…(“juguemos en el bosque, mientras el lobo no está. ¿Lobo está…?”).
Lo complicado era que el lobo se presentaba seguido, y como la vida exige continuidad, había aprendido a respirar hondo y caminar un trecho, detenerse para volver a tomar aire, y seguir…
Vivir a trechos tenía un costo emocional grande, la ansiedad devoradora antes de animarse a tomar aire, la ansiedad más tolerable mientras caminaba…y al final, el alivio de la llegada a la meta.
Claro, la meta, implicaba volver a tomar aire, y seguir con el sistema,hasta que el lobo se fuera a poner los pantalones, y la dejara vivir sin la soga al cuello por un rato…vivir:hacer de comer, ir al supermercado, leer, escribir…las mismas cosas, y algunas más, de las que hacía luego de tomar aire, sólo que naturalmente, y hasta disfrutándolas, no sujetando el alma para no desplomarse, como tantas veces.
El levantar casi feliz, sueño a media mañana, con toque de angustia, dolor al mediodía, ansiedad antes de ir a trabajar, en mayor o menor grado.
Si estaba viviendo a trechos, el trabajo también era vivido dentro de la sístole diástole.
Si el lobo, por esas, estaba dormido era disfrutado a pleno…aunque luego esa alegría cobrara su precio…y al otro día, seguro era uno de esos en que sería vivido a empujones, cuesta arriba, dándole órdenes a su cuerpo para que funcionase, a la respiración para que no se detuviese, rogándole a la vida que la dejara seguir un rato más en pie…
¿Qué era lo que había hecho para merecer esto?...recuerdos impresionistas, de mujer lánguida, soledad rosada en atardecer sin pájaros, plazas abandonadas, retrete de vida.
En fin, al parecer esto no parecía ser producto de nada malo que hubiese hecho…quizá sólo era su dura forma de estar en el mundo, vomitando sangre.
Merecer…como fueran muchas las cosas en la vida que fueran producto de lo que se hace…más bien la vida le parecía un laberinto con varios muros, ubicados a trechos, y que había que patear, hasta romperse los huesos, para poder seguir caminando…claro cada vez más cansada, cada vez con menos ilusión de que aquello acabase…
Pero lo cierto es que seguía…siempre creí que hay ciertas personas que responden simplemente a la energía cinética que generó el disparo de el, o la (mejor la) loco que se le ocurrió crearnos…claro , en algún momento la energía de ese disparo se acaba, y eso sería lo que llamaríamos muerte…
En, fin, ella era un caso especial, ya que su vivir a trechos, la obligaba a detenerse cuando se encontraba con un muro, (para patearlo y seguir)…por ende los ladrillos, piedras, o lo que fueren, deberían detener la energía del disparo del loco, que no sabía, sin duda, las consecuencias atroces a las que podía haber llevado su “impulso”…(el aburrimiento siempre ha sido el peor de los consejeros)…
Pero el asunto era que una vez derribado el muro la energía volvía…por ende a ella no parecía moverla la energía cinética del primer disparo…en fin…¡vaya uno a saber!,
cuál era el engranaje que ponía en movimiento aquella extraña maquinaria.
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Hoy el cielo se había levantado azul para Estela, y era uno de esos días en que el lobo estaba fuera, respiró hondo, dio, uno , dos pasos, y abrió la puerta.





silvia martínez coronel


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